Ya podemos decir que nuestro querido Juan Pablo II es BEATO!
El 1 de mayo fue celebrada su beatificación en la Plaza San Pedro ( Ciudad del Vaticano) en presencia de más de un millón de personas venidas de todo el mundo. El Papa más influyente y querido de todos los tiempos ha sido alzado de nuevo a los cielos con este acontecimiento histórico para la Iglesia y para la humanidad.
En este humilde Siervo de Dios vimos el semblante de Jesucristo e incluso aquellos no creyentes siempre vieron algo especial en él. Con certeza constatamos que Karol Wojtyla fue un elegido del Señor para remover los corazones de cada uno de nosotros, para fortalecer nuestra fe y no perder jamás la esperanza. Es un claro ejemplo de las maravillas que Dios puede hacer en nuestras vidas si le dejamos la puerta abierta. Así nos lo expresó Juan Pablo II en un encuentro:
” Non abbiate paura! Aprite, anzi, spalancate le porte a Cristo!” ( no tengáis miedo! abrid las puertas de par en par a Cristo!)
No cabe duda que Dios le dio un carisma que envolvió a toda la juventud, fue el Papa de los jóvenes. Gracias a él, hoy seguimos celebrando las Jornadas Mundiales de la Juventud, que nos convocan dentro de 100 días en Madrid. Juan Pablo II apostó sin vacilar por el futuro de la Iglesia que pasa por nosotros y por todas las generaciones que vendrán. La Iglesia en este momento nos pide, más que nunca, unidad, persistencia en la oración y caminar cogidos a la cruz confiados en Jesucristo.
La fe mueve montañas, aleja tempestades y nos ayuda a seguir sobre la senda de la verdad hacia la vida eterna. No es un camino fácil, nadie dijo que lo fuera pero¿ hay mejor manera de experimentar el amor? Para cuando la duda nos aceche, el beato Juan Pablo II nos dejó algunos poemas como este:
Non siete soli nel vostro cammino.
Mai neppure un istante, da voi si stacca il mio profilo
e in voi diventa verità, sempre diventa verità
e nella vostra vita onda, uno squarcio insondabile.
Il mio volto bruciato dal deserto delle vostre anime,
sempre cancellato dal soffio di uno strano sopore
perché non mi togliete la croce come io vela tolsi?
Quando vi bruciava sulle spalle e s’inclinava sul
vostro ansante respiro.
No, no – non siete voi soli – e se pure lo foste
la vostra presenza non solo è durevole, ma rivelatrice.
Purché si aprano gli occhi in altro modo,
in modo del tutto diverso,
e purché non si scordi la visione che allora appagava lo sguardo
Giovanni Paolo II